Los antiguos romanos clasificaron el aceite de aceituna en cinco calidades: “oleum ex albis ulivis" procedente de la molienda de las aceitunas verdes, "oleum viride" procedente de aceitunas recogidas a el estadio más avanzado de maduración, "oleum maturum" procedente de aceitunas maduras, "oleum caducum" procedente de aceitunas caídas a tierra y "oleum cibarium" procedente de aceitunas casi podridas, que fue destinado a la alimentación de los esclavos.