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Riesgos de enfermedades fúngicas tras la lluvia en el olivar

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Juan Carlos Cantero Solís

30 octubre, 2025 · 8 min de lectura

Lo esencial
Las lluvias tras periodos de sequía disparan el riesgo de enfermedades fúngicas en el olivar, sobre todo el repilo (manchas oscuras en hoja, causadas por Fusicladium oleagineum), pero no es la única amenaza: verticilosis, negrilla y la bacteria de cuarentena Xylella fastidiosa también afectan al olivo, cada una con un origen y un tratamiento distintos. Además, la lluvia en plena precosecha puede diluir el rendimiento graso y retrasar la recolección.

Las lluvias registradas en distintos puntos de España durante los últimos días traen un alivio esperado tras meses de sequía, pero también un nuevo desafío para el olivar. El aumento repentino de la humedad ambiental y del suelo crea las condiciones ideales para la aparición de enfermedades fúngicas como el repilo, el repilo plomizo o la antracnosis, patologías que pueden comprometer tanto la cosecha como la calidad final del aceite de oliva virgen extra.

Desde el punto de vista agronómico, los especialistas del IFAPA y de la Junta de Andalucía recomiendan mantener una vigilancia fitosanitaria activa en estas semanas, especialmente en olivares tradicionales y en zonas donde la ventilación del arbolado es limitada. Las esporas de hongos, que permanecen latentes en hojas y ramas durante los meses secos, encuentran ahora un entorno favorable para desarrollarse rápidamente con la humedad y las temperaturas suaves del otoño.

Además del riesgo sanitario, estas precipitaciones pueden influir en la maduración del fruto y el rendimiento graso, afectando a la concentración de compuestos fenólicos y, por tanto, a la calidad sensorial del aceite obtenido. Las lluvias otoñales, cuando llegan en plena precosecha, requieren una gestión agronómica precisa para evitar retrasos en la recolección, daños por viento o una caída prematura del fruto.

En este artículo analizamos cómo estas lluvias pueden afectar a la producción y calidad del aceite de oliva en España, qué riesgos deben vigilar los productores y qué medidas preventivas se recomiendan para proteger el fruto y garantizar una campaña segura y de calidad.

Repilo

El repilo del olivo, causado por el hongo Fusicladium oleagineum (anteriormente conocido como Spilocaea oleagina), es una de las enfermedades más extendidas y económicamente importantes del olivar en España y en todo el ámbito mediterráneo. Su incidencia aumenta notablemente en periodos lluviosos y de alta humedad relativa, especialmente cuando las temperaturas oscilan entre 10 y 20 °C, condiciones que favorecen la germinación de las esporas y la infección del tejido vegetal.

Síntomas y detección temprana

Los síntomas iniciales se manifiestan en las hojas como manchas circulares oscuras, de tonalidad verde negruzca, que posteriormente se tornan marrones. En fases más avanzadas, la hoja infectada amarillea y cae prematuramente, provocando defoliación. En casos graves, el árbol puede quedar parcialmente desprovisto de hojas, reduciendo su capacidad fotosintética y afectando tanto a la floración como a la formación del fruto en la campaña siguiente.

Un signo característico es el llamado “repilo plomizo”, en el que las hojas muestran un aspecto grisáceo y mate debido a la presencia del hongo Cercospora cladosporioides. Aunque ambos tipos de repilo pueden coexistir, el Fusicladium oleagineum es el más habitual y el que mayor impacto tiene sobre la productividad.

Ciclo biológico y factores de riesgo

El hongo se desarrolla principalmente en el envés de las hojas, donde produce conidios (esporas asexuales) que se diseminan con la lluvia y el viento. Estas esporas pueden permanecer latentes durante el verano y activarse en cuanto se restablecen condiciones de humedad. Por ello, los periodos de lluvia otoñal, especialmente tras episodios prolongados de sequía, son momentos críticos para el inicio de nuevas infecciones.

Los olivares densos, mal aireados o ubicados en zonas de umbría son más propensos a la enfermedad, así como aquellos donde la poda no ha favorecido una correcta ventilación interna del árbol.

Consecuencias agronómicas

El repilo afecta de forma directa al rendimiento del olivar, no solo por la pérdida de hojas y la consiguiente reducción del área fotosintética, sino también por la disminución del número y tamaño de los frutos durante el cuajado de la aceituna. A largo plazo, un olivar con infecciones recurrentes muestra un descenso progresivo de la producción y un debilitamiento general de los árboles.

Además, la caída prematura de hojas y aceitunas puede dificultar la recolección mecanizada y alterar los calendarios previstos, especialmente en campañas destinadas a aceites de alta gama, donde la homogeneidad y el estado sanitario del fruto son determinantes para la calidad final.

Prevención y control

El manejo eficaz del repilo se basa en tres pilares fundamentales: prevención, monitoreo y tratamiento.

En primer lugar, se recomienda una poda equilibrada que mejore la aireación del interior del árbol y reduzca la permanencia de humedad.

En segundo lugar, es esencial realizar observaciones visuales periódicas tras episodios de lluvia o niebla, identificando síntomas tempranos para intervenir a tiempo.

Finalmente, los tratamientos fitosanitarios con productos cúpricos o con fungicidas autorizados de contacto o sistémicos deben aplicarse en momentos estratégicos, preferentemente antes de lluvias persistentes o tras los primeros indicios de infección.

El uso de herramientas de predicción meteorológica y modelos de riesgo (como los desarrollados por el IFAPA o el MAPA) puede ayudar a determinar las fechas óptimas de aplicación, minimizando el impacto ambiental y económico. Si buscas un enfoque con menos químicos, en nuestra guía sobre olivar ecológico repasamos las alternativas más habituales.

Otras enfermedades y problemas comunes del olivar

El repilo no es la única amenaza para el olivo, ni todas tienen que ver con la lluvia. Estas son las otras patologías más consultadas por los olivicultores.

Verticilosis

Causada por el hongo Verticillium dahliae, que vive en el suelo y entra por la raíz, no está directamente ligada a la lluvia como el repilo. Se manifiesta de dos formas: el “decaimiento lento”, con momificado de las inflorescencias y defoliación progresiva de las hojas más viejas, y la “apoplejía”, una seca rápida de brotes y ramas que suele aparecer en otoño e invierno. No todas las variedades son igual de vulnerables: Frantoio y Empeltre muestran menor susceptibilidad, mientras que la Arbequina está entre las más sensibles. No existe tratamiento curativo eficaz una vez instalada, así que la prevención (no plantar sobre suelos con cultivos hospedadores previos, como hortalizas de solanáceas) es la principal herramienta.

Negrilla

La negrilla (o tizne) no es una infección directa del olivo, sino una capa de hongos del género Capnodium que crece sobre la melaza azucarada que excretan pulgones y cochinillas al alimentarse de la savia. El síntoma es fácil de reconocer: hojas y ramas cubiertas de una película negruzca que reduce la fotosíntesis. El tratamiento no va dirigido al hongo en sí, sino a controlar el insecto que produce la melaza — sin cochinilla ni pulgón, no hay negrilla.

Xylella fastidiosa

Es la amenaza más seria a largo plazo para el olivar mediterráneo: una bacteria de cuarentena en la Unión Europea, sin tratamiento curativo, que se transmite por insectos vectores como la cicadélida Philaenus spumarius. En España hay zonas demarcadas activas en Alicante y Valencia (más de 140.000 hectáreas), en Extremadura (Valencia de Alcántara y Sierra de Gata, con nuevos positivos detectados en 2025) y focos puntuales en olivos silvestres de Baleares. Al tratarse de una enfermedad de declaración obligatoria, cualquier sospecha debe notificarse a la administración autonómica — puedes consultar el mapa de zonas afectadas actualizado en la página oficial del MAPA.

Por último, no toda amenaza es una enfermedad: la mosca del olivo (Bactrocera oleae) es una plaga, no un hongo ni una bacteria, y su control combina trampas de captura, tratamientos químicos autorizados y alternativas más ecológicas como el caolín o los enemigos naturales, según el enfoque de cada explotación.

Repilo, verticilosis, negrilla y Xylella: diferencias clave

EnfermedadCausaCómo se reconoceTratamiento
RepiloHongo Fusicladium oleagineum, favorecido por la lluvia y la humedadManchas circulares oscuras en el haz de la hoja, que amarillean y caenCúpricos o fungicidas antes de lluvias persistentes; poda que airee el árbol
VerticilosisHongo del suelo Verticillium dahliae, entra por la raízDefoliación progresiva o seca rápida de brotes, según variedadSin cura una vez instalada; prevención al plantar
NegrillaHongos Capnodium sobre la melaza de pulgón o cochinillaPelícula negruzca sobre hojas y ramasControlar el insecto que produce la melaza, no el hongo
Xylella fastidiosaBacteria de cuarentena, transmitida por insectos vectoresSeca progresiva e irreversible de ramas y del árbol completoSin cura; notificación obligatoria y arranque del árbol afectado

Dilución de la concentración de aceite

Si la lluvia es tardía y abundante, puede incrementar el contenido de agua en el fruto, lo que reduce el ratio kg aceite/kg aceituna (rendimiento graso) y puede afectar negativamente la concentración de compuestos fenólicos. Un medio con mayor humedad favorece menor densidad del fruto y menor aceite por kilogramo.

Retraso en la recolección y menor calidad de aceite

Tanto que no llueva antes de la recolección como que llueva mucho cuando hay que recolectar afecta de forma diferente.

Una semana lluviosa puede alterar el calendario de recolección previsto. En campañas de producción premium cada día cuenta para mantener el perfil de fruta sana y evitar fermentaciones o defectos de calidad. Las lluvias pueden retrasar la entrada de maquinaria o dificultar el acceso a campos, lo que exige una planificación logística más exigente.

Aunque por desgracia en la mayoría de regiones de Andalucía, Extremadura y Castilla-La Mancha el problema ha sido el contrario: la falta de lluvia previa, que en muchos lugares ha hecho que la cosecha haya sufrido pérdidas importantes en cuanto a los rendimientos previstos. Además, en muchos lugares cercanos al mar Mediterráneo sigue sin llover suficiente, con lluvias ligeras y cortas que solamente mojan la copa de los olivos y los primeros centímetros del suelo — una lluvia que no alivia en gran medida el estrés hídrico. Puedes seguir el detalle campaña a campaña en nuestros artículos sobre cómo influyen las lluvias en la producción y sobre la pérdida de calidad del aceite por lluvia.

Es el síntoma más característico del repilo: manchas circulares oscuras que con el tiempo hacen que la hoja amarillee y caiga. Si ves ese patrón tras un periodo de lluvias, lo más probable es que sea repilo y no otra causa.
El estrés hídrico suele mostrar hojas enrolladas o de un verde apagado de forma generalizada, sin manchas ni patrón definido, y mejora al regar. Una enfermedad como el repilo o la verticilosis, en cambio, deja manchas concretas, defoliación por zonas o secado de ramas concretas que no se recupera solo con agua.
El repilo es un hongo foliar favorecido por la lluvia y la humedad, que se reconoce por manchas en la hoja y responde bien a tratamientos cúpricos preventivos. La verticilosis es un hongo del suelo que entra por la raíz, no depende de la lluvia, no tiene cura una vez instalada y su gravedad depende mucho de la variedad plantada.
Depende de la cantidad. Con menos de 10 mm de lluvia, el tratamiento cúprico normalmente sigue siendo eficaz. Con más de 15-20 mm, es recomendable repetir la aplicación, porque el agua arrastra buena parte del producto. Por eso se aconseja evitar sulfatar si se prevén lluvias en las próximas horas.
Sí: es la enfermedad de cuarentena más grave para el olivo, sin tratamiento curativo, y de declaración obligatoria ante sospecha. En España hay zonas demarcadas activas en Alicante, Valencia, Extremadura y Baleares. Si tu olivar está cerca de una de esas zonas, consulta el mapa oficial del MAPA y vigila síntomas de seca progresiva e irreversible.
En maceta, antes de pensar en una enfermedad fúngica de olivar revisa siempre el riego: el exceso o la falta de agua y un drenaje insuficiente son, con diferencia, la causa más común de hojas secas en olivos ornamentales. Si el sustrato está bien y las manchas son concretas (no generalizadas), sí podría tratarse de un hongo como el repilo, aunque es mucho menos frecuente que en olivar de campo.
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