¿Por qué el olivar tradicional fija población?

Fijar la poblacion del olivar

La recogida tradicional de aceituna es el “seguro de vida” de muchos pueblos pequeños y medianos de Andalucía. Especialmente en las provincias de Córdoba, Jaén, Granada y Sevilla.

A diferencia del olivar superintensivo, donde dos o tres operarios hacen todo el trabajo con ayuda de cosechadoras, el olivar tradicional es el motor que mantiene viva la España rural de las zonas productoras de aceite de oliva.

¿Por qué el olivar tradicional mantiene la vida en las zonas rurales?

Al ser terrenos que a menudo tienen pendiente o árboles centenarios y difícil mecanización, los paraguas y “vibros” no pueden entrar.

Esto obliga a contratar cuadrillas, lo que genera empleo directo a los vecinos del pueblo durante meses.

El olivar tradicional suele estar en manos de pequeños propietarios y familias locales, no de grandes fondos de inversión.

Este es un punto muy importante, ya que significa que el beneficio económico generado no llegará a salir del pueblo, ayudando a la economía circular. Este dinero llegará a gastarse en la panadería, la farmacia o el bar del pueblo.

Así, hay familias que tienen desde menos de una hectárea hasta 4, 10 ó 40 hectáreas. Tanto pequeños como medianos como grandes productores crean un tejido necesario para la supervivencia del pueblo.

Muchas familias viven en el pueblo debido al olivar. La campaña de la aceituna aporta un “extra” fundamental que, sumado a otros trabajos eventuales, hace que sea viable quedarse allí en vez de irse a vivir a la ciudad.

Mientras haya gente trabajando en el campo, los colegios y consultorios médicos se mantienen abiertos, las cooperativas funcionan y el transporte rural sigue teniendo sentido.

Sin modelo tradicional, el pueblo se convierte en una “urbanización dormitorio” o peor, desaparece.

La campaña es un evento social. Mantiene vivos los conocimientos y el orgullo de pertenencia a un lugar y a unas tradiciones que, si no se cuidan, se pierden.

Muchos jóvenes deciden quedarse a gestionar las fincas familiares si ven que el olivar tradicional sigue siendo respetado y valorado. Y cuando se habla de valorización no es solo en lo descriptivo, si no en lo que a todos nos importa, en lo económico.

En caso contrario, los jóvenes se dedicarán a otros sectores menos comprometidos con el factor “azar” y con la falta de apoyo gurnamental.

En resumen, el olivar tradicional no solo produce aceite de oliva virgen extra de primera calidad. Produce vida social y estabilidad económica allí donde las máquinas no llegan.

Sobre el autor