¿Cuál es la Huella de Carbono del Aceite de Oliva? Esto Contamina un Litro (en Kilómetros de Coche)
Juan Carlos Cantero Solís
21 septiembre, 2026 · 3 min de lectura
Un litro de aceite de oliva no “contamina” como lo hace un coche o una fábrica, pero sí tiene un impacto climático real y medible: kilos de CO₂ equivalente que se emiten (o, en algunos casos, se capturan) desde que se planta el olivo hasta que la botella llega al lineal del supermercado. Dcoop, la mayor cooperativa oleícola de España, acaba de medirlo con datos propios por primera vez, y cruzándolo con estudios universitarios se puede poner un número real donde antes solo había una etiqueta que decía “sostenible”.

¿De dónde sale el impacto climático de un litro de aceite de oliva?
Dcoop ha analizado 518 fincas y 96 almazaras reales, siguiendo la norma internacional ISO 14067:2019, y el resultado es claro: el 97% de las emisiones se generan en la fase agrícola, antes incluso de que la aceituna llegue a molerse. Solo el 3% restante corresponde al proceso de extracción del aceite en la almazara — justo la parte que las marcas suelen enseñar cuando hablan de sostenibilidad (placas solares, cogeneración con hueso de aceituna, envases reciclables).
Dentro de ese 97% del campo, los principales responsables son:
- Fertilizantes nitrogenados, por el óxido nitroso que liberan al descomponerse — probablemente la fuente individual más importante
- Combustible de tractores y maquinaria agrícola
- Electricidad del riego, cada vez más relevante por el auge del olivar intensivo
- Restos de poda quemados en lugar de triturados y devueltos al suelo
Lo que de verdad cambia el resultado: cómo se cultiva, no solo si es “eco”
Un estudio de la Universidad de Jaén, publicado en la revista Journal of Environmental Management, midió el balance de carbono real de tres tipos de olivar andaluz. Los resultados, por cada kilo de aceite producido:
Balance de carbono por tipo de cultivo (Universidad de Jaén)
Kilos de CO2 equivalente capturados netos por cada kilo de aceite producido.
| Tipo de olivar | kg CO2eq capturados / kg aceite | Equivale a compensar |
|---|---|---|
| Tradicional de secano | 5,5 kg | ~42 km de coche |
| Tradicional de regadío | 4,3 kg | ~33 km de coche |
| Intensivo (regadío) | 2,7 kg | ~21 km de coche |

Es un dato sorprendente: en los tres casos el olivo captura más carbono del que emite el cultivo, porque el árbol acumula CO2 en su madera y en el suelo con los restos de poda. Pero el margen es muy distinto según el manejo: el secano tradicional casi duplica la captura neta del olivar intensivo. Según el investigador principal del estudio, Lázuli Fernández Lobato, “la aplicación de abonos orgánicos y facilitar cultivos de cobertura espontáneos temporales logran un balance de carbono positivo y reducen los impactos negativos del cultivo del olivo”.
En la misma línea, una tesis doctoral de la Universidad de Córdoba confirma que el suelo del olivar mediterráneo tiene una enorme capacidad de secuestrar carbono, sobre todo cuando se introducen cubiertas vegetales entre las calles del cultivo en vez de dejar el suelo desnudo o tratarlo solo con herbicidas.
La conclusión honesta es esta: la etiqueta “ecológico” garantiza que no se han usado pesticidas ni fertilizantes de síntesis, pero no garantiza automáticamente una huella de carbono menor. Lo que de verdad marca la diferencia es el manejo concreto de cada finca — secano o regadío, cubiertas vegetales o suelo desnudo, gestión de la poda —, sea o no ecológica.
¿Se puede llegar a un aceite de oliva “carbono negativo”?
Investigadores de la Universidad de Jaén, en un estudio publicado en Sustainable Production and Consumption, han demostrado que es posible producir aceite de oliva virgen extra con una huella de hasta -0,32 kg de CO2 equivalente por litro, aprovechando los restos de poda como fuente de bioenergía en la almazara en lugar de quemarlos. No es todavía la norma del sector, pero confirma que el margen de mejora está, sobre todo, en las decisiones que se toman en el olivar — no en la fábrica.
Por qué esto importa más allá de la etiqueta
Tener un factor de emisión propio, auditado con datos reales —en vez de una estimación genérica—, es lo que permite a una cooperativa como Dcoop (más de 200 entidades asociadas, 75.000 familias agricultoras y casi 400.000 hectáreas de olivar) saber exactamente dónde invertir para reducir emisiones de verdad, en lugar de repetir el mismo discurso de sostenibilidad centrado en la almazara, que solo representa el 3% del problema.
